Jueves 16 de Junio. El Huevo, Valparaíso, Chile.

En general, las notas made in Chile sobre Adan Jodorowsky comienzan haciendo referencias a las múltiples nacionalidades que residen en él: Qué nació en México y creció en Francia, que desciende de rusos y su padre es chileno. Lo cierto, es que más allá de cualquier comentario o introducción que se le pueda hacer, son sus presentaciones en vivo la mejor manera de conocer a este multifacético personaje.

Y es que también se tejen muchos prejuicios en torno a su persona, sobre todo aquí en Chile, if u know what i mean. Algo que en definitiva poco importa, pues ha sido el tiempo y su misma carrera el más fiel argumento de que el hombre tiene méritos de sobra. No por nada acaba de ser premiado como el ‘Artista Interacional del Año’ en la 3er versión de los Premios de la Música Independiente, España. Misma convocatoria, dicho sea de paso, que honró a Javiera Mena en la categoría ‘Artista Chileno del Año’, al ser nuestro país un invitado especial del certamen.

Entonces, se hace innecesario el ejercicio de buscar adjetivos que intenten describir el show que entregaron el pasado jueves Adanowsky & The Red Pants, su banda de apoyo actual en la que participa el chileno Hugo Vera en el bajo. Basta con decir que durante el show, y sin premeditación alguna de los músicos, un fan subió al escenario para proponerle matrimonio a su novia. Por supuesto ella dio el esperado ‘Si’.

Episodios como estos hicieron del show una verdadera montaña rusa, que partió con la bailable J’aime Tes Genoux para luego desatar por completo la fecunda pasión de Amador, el carismático personaje que lo trajo de gira por nuestras tierras para promocionar su disco del mismo nombre y entregar así su transversal mensaje de paz y amor.

Completamente necesario fue resucitar al Idolo para despertar las rebeldes fantasías de su fanaticada, que con gritos, bailes y aplausos, seguían a un frenético Adanowsky que cumplía el más básico de los deseos de cualquier adolescente: La fama.

Una noche de sorpresas, que incorporó matices teatrales en diversos momentos en medio de una simbiosis eterna entre músicos y asistentes que se deleitaban con la versatilidad propia de Adan, quien incluso se atrevió a improvisar con la batería en un explosivo final que, según él mismo nos contó después del show, no estaba contemplado. Confirmamos así, finalmente, el único prejuicio que tal vez podríamos validar: aquí cualquier cosa puede pasar.


Registro fotográfico por Ricardo Toledo.