Cuando comenzaron, hace más de 22 años atrás, el contexto musical en Valparaíso era paupérrimo. Si bien el puerto permitía conectarse con lo que sucedía en los distintos escenarios del mundo, la sombra de una dictadura y las escasas oportunidades para conseguir instrumentos, hacían de la zona un lugar hostil para armar una banda.

Testarudos como ellos solos, a los Ocho Bolas poco les importó el entorno y comenzaron a escribir su propia historia en clave punk. Fue así como con agitadas canciones y una temprana capacidad de autogestión, lograron llegar a oídos europeos con Trabajo Duro (1991), disco editado en vinilo gracias al apoyo de una discográfica en Alemania. Algo inédito para la época.

Desde sus inicios, la banda optó por desmarcarse del estereotipo anarquista, esforzándose por desarrollar un sello distintivo que fuese más transversal. Fue entonces cuando lanzaron Genio y Figura, en el año 2002; una musicalización de los mejores poemas de Pablo de Rokha que terminó por posicionarlos entre los más grandes de la historia del rock porteño.

Su último registro fue Chaquetones Sucios, un esperado compilado al estilo ‘grandes éxitos’, que sonaba a despedida ante las continuas intermitencias que acumularon su carrera musical. Lo cierto es que la historia se sigue escribiendo y los ensayos han vuelto para desempolvar lo mejor de su repertorio y componer lo que promete ser su próximo trabajo de estudio.

No es menor que una banda Sub 40 decida seguir rockeando y quizás sea esto lo que más nos impulsa a publicar esta noticia que incluye dos registros al hueso de lo que están haciendo los fieles rokhianos en su sala de ensayo. Crudo, sin ediciones ni maquillajes, el material espera ser una ante sala a este reencuentro que ya tiene fecha fijada, con Twitsessions incluida, para gritarle a todo el mundo que Ocho Bolas aún tiene mucho que contar.