Fotografía: Sebastián Milla

El pasado sábado 9 de noviembre, en el Club Hípico de Santiago, se llevó a cabo la primera versión del Festival Frontera, un evento que fue de muy poco dulce y mucho agraz. Frustración podría ser la palabra más idónea para resumir la jornada que se (sobre)extendió durante todo ese día hasta la madrugada del domingo, debido a múltiples desinteligencias que por parte de producción jamás pudieron superar durante la realización del magnoevento. No es sólo el sentimiento de este cronista, sino que fue el sentir popular de buena parte de los asistentes, que durante varias esperas a sus shows favoritos no se coartaron en entonar cual barra brava el cántico “oh, los vamos a demandar”.

¿Cómo una productora que lleva tres festivales a cuestas –dos en el mismo recinto- aún no aprende cómo resolver problemáticas recurrentes en cuanto a organización? Y no es odiar por odiar, no señor(a). Es simplemente decir una cruda verdad que la prensa mercurial, por mantener su amiguismo y sus entradas preferenciales, maquillan displicentemente.

Los escenarios Pepsi y Transistor tuvieron problemas de sonido toda la tarde por su disposición (cercanía y ubicación en perpendicular), cada uno luchando para que el sonido del otro escenario no se “colara”, algo que no sucedió en toda la jornada. Así, pasaban The Suicide Bitches, con una buena entrega de rock alternativo con guitarras con mucha distorsión; el punk adolescente de Gufi, que como sorpresa contaron con Don Rorro de Sinergia para acompañarlos en la canción ‘Abuela’; Como Asesinar A Felipes, injustamente muy temprano en el Pepsi pero demostrando de qué están hecho con un set de media hora de su característico rap/jazz; el poprock Prefiero Fernández en el escenario Red Bull, el más pequeño de los escenarios pero el que gozó de mejor sonido; y el repertorio tropical de Villa Cariño, quienes lo dejaban todo para entretener a su público y cerrar con el hit ‘Política, Amor & Revolución’, que fue coreado a plenitud por las miles de personas que atestaron el espacio del escenario Pepsi.


Fotografía: Cristián Lucero

A eso de las 3 de la tarde todo era caótico en el escenario Red Bull. Tras más de una hora de retraso de los shows, se sumó el silencio, la incertidumbre, unas posas gigantes de agua entre público/rejas/escenario, y la expectación del bullado regreso de Tiro De Gracia, quienes ya habían agruparon a buena cantidad de fanáticos que querían vivir la vuelta a los escenarios de una de las viejas glorias del hip-hop nacional. Finalmente, lo sucedido fue que Movimiento Original cedió el horario a TDG, ya que según off the record, el cuarteto de hip-hop no quería salir a cantar por problemas contractuales con la producción. Con la intención de ir a cubrir otros shows, finalmente el equipo Twitsessions no pudo presenciar ni registrar el regreso de Tiro De Gracia. Una verdadera pena.  

De acá en más se vinieron los nombres más fuertes y los shows más redondos; Gepe salió a demostrar el por qué es uno de los nuevos artistas populares más convocantes de la actualidad en Chile. Aparte de su música, el salto a la preocupación por la performance con bailarines, vestuario, harto cotillón, dramatismo en la interpretando, etc. Por su parte, Jorge González, que se transformó en el portavoz del sentir popular al pronunciarse: “este festival está hecho con mucho cariño, pero lamentablemente no con mucha organización”.

Continuando con el “gitaneo’” de escenario a escenario, a la misma hora –seis y media de la tarde- comenzaron los shows de Ana Tijoux y Los Tetas. Otro punto negro dentro de la lista en cuanto a organización, ya que se topaban dos artistas que congregan al mismo público. Mientras Anita rapeaba cada una de sus canciones que se han convertido en himnos populares, todo junto a una excelente banda soporte, Los Tetas hicieron gozar con su funk/rock/soul a su afiatado público que los esperó para corear ‘Papi Donde Está El Funk’, ‘La Risa Del Diablo’, ‘Cha-Cha-Cha’ y ‘Hormigas Planas’, entre varias otras. La potencia y el groove de estos dos escenarios no mitigaron el show de otro grande: Manuel García, que con un setlist cargado a su último trabajo discográfico, Acuario, manejó desde el primer momento todas las energías del escenario Transistor. Destacó una bella versión acústica de ‘Un Rey Y Un Diez’, que silenció a todo el público y la presentación e temas nuevos junto a Ángel Parra.


Fotografía: Loreto Valenzuela

El frío que cayó con el atardecer no fue la única sorpresa para el público que mayoritariamente estaba con look estival. Las largas colas para conseguir comida (que en un momento se acabó), agua e ir a los baños químicos dispuestos en el recinto, hacían a varios perderse parte de los shows principales que se estaban llevando a cabo. Para apalear todo estos malos ratos, la cumbia de los incombustibles Chico Trujillo sirvió para volver a encender los ánimos del público y armar la fiesta. Casi en paralelo, y con lleno total, los pinche cabrones de Molotov tuvieron a miles de almas saltando los clásicos que la banda viene acumulando desde los 90. Entre sudor, polvadera, y gritos, pasaron ‘Gimme Tha Power’, ‘Chinga Tu Madre’, ‘Puto’, ‘Parasito’, ‘Frijolero’, un catálogo envidiable para cualquier banda de rock en español.

Uno de los momentos clave de Frontera fue la presentación de Alain Johannes, el ya mítico músico chileno/estadounidense. Su show comenzó dos horas y media de retraso con respecto al horario original, aún así, y pese a que la mayoría de la gente se fue al escenario principal a disfrutar del reggae de los portorriqueños Cultura Profética, los pocos que nos quedamos pudimos disfrutar de un regreso al Johannes eléctrico, el que no había retomado los decibeles desde la triste muerte de su esposa Natasha Schneider. Cargado de esa nostalgia, repasó parte del catálogo de Eleven, su proyecto convertido a estas alturas en un joyel dentro del catálogo del rock alternativo noventero. Acompañado de sus friends -una banda de chilenos liderados por los hermanos Foncea- también echó mano a su repertorio solista, con arreglos de banda que los hacían sonar más llenos que como pudimos escucharlos las veces anteriores que estuvo e visita en Chile. Precisión, delicadeza y harto rocanrol puede ser un buen resumen para el show de Alain, que como de costumbre, se mostraba inmensamente agradecido por quienes se quedaron a escucharlo. 


Fotografía: Sebastian Milla

Harta música, harto polvo, hartos ir y venir de escenarios y sobre todo harta frustración de por medio por los horarios, los servicios y la poca información, fueron el saldo de un Frontera casi improvisado por la productora Transistor, quienes, al parecer no temen en seguir estirando el chicle de la paciencia de una audiencia musical que en algún momento les rendirá cuentas no muy positivas. Ojalá, en nombre de un fan de los festivales y la música en español, sienten cabeza y se preocupen y organicen UN gran megafestival con los estándares al que poco a poco nos estamos acostumbrando. Larga vida a la música chilena y latinoamericana, pero que nunca más pasen por experiencias tan improvisadas y funestas como las del primer Frontera Festival. Como dice Charly, “y si mañana es como ayer otra vez, lo que fue hermoso será horrible después”.

Revisa nuestra galería fotográfica aquí: Parte I & Parte II