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Esperando el monumental Inti + Quila que se hará en Agosto, hemos decidido recordar una de las obras fundamentales de la agrupación del poncho negro.

Es sabido universalmente que la Cantata Popular Santa María de Iquique es el logro artístico más grande de Quilapayun. A pesar de que fue compuesta completamente por alguien ajeno al conjunto, específicamente por Luis Advis, la ejecución musical de esta obra demostró el nivel que tenían para interpretar una pieza de estructura más formal que la Nueva canción chilena que ellos estaban implementando.

Tres años después, cuando se llevó a cabo el golpe de estado, la banda sería exiliada, comenzando una fuerte campaña de solidaridad con el país. Esta dio fruto a algunos de sus mejores trabajos, entre los que se destaca Patria (1976) y Umbral (1979). Pero es el año 1982 el que los pilla en una nueva coyuntura. Luego del encuentro con el pintor surrealista Roberto Matta, además del desapego con el Partido Comunista, se gesta la segunda obra cumbre de la agrupación: La Revolución y las Estrellas.

Apenas comienza el álbum hay un dejo de resignación. Ya no es una afrenta, sino la aceptación de la realidad y el fracaso. Es momento de replantear una idea y Eduardo Carrasco (director artístico de Quilapayun) lo sabe muy bien al plasmar esto en la letra de “Luz negra”. Se reivindica la estética artística por sobre la difusión del mensaje, o se busca un equilibrio entre ambas con “Eclipse de sol” y “Las estrellas”.

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Otro tema que llama la atención es el bellísimo arreglo del tema “El gavilán” de Violeta Parra, hecho por el, en ese entonces, nuevo integrante del conjunto: Patricio Wang. La voz es proporcionada por Isabel Parra y se funde perfectamente con la instrumentalización críptica de Wang. También está “Retrato de Sandino con sombrero”, que a pesar de sus imprecisiones históricas en la letra, se destaca por su musicalidad épica y heroica.

Los instrumentales son precisos y de una hermosura única, mientras que el tema de cierre, la mini cantata “Un canto para Bolívar”, compuesta por Juan Orrego Salas con textos de Pablo Neruda, con una profundidad poética y musical que la banda no experimentaba desde su famosa Cantata Santa María.

La revolución y las estrellas fue el primer paso para la culminación de la búsqueda de sonidos que la banda experimentó en los años 80s. Sus sucesores, Tralalí Tralalá (1984) y Survarío (1987), formaron una trilogía irrepetible y equilibrada siendo los últimos aportes de Eduardo Carrasco, quien dejaría la banda para radicarse en Chile al término del exilio.  A pesar de que en Chile esta obra no es muy conocida, la propia banda ha logrado trascender estas canciones en sus conciertos, aún con su lamentable división, comprobando que “el combate es luz y fuego en la vendimia de la revolución y las estrellas”.

Aquí les dejamos una prueba del disco, con una versión de «El gavilán» con la colaboración de la talentosa Paloma San Basilo.