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La primera versión de Jardín Stereo nos dejó a todos maravillados. Gente de Viña del Mar, alrededores, e incluso capitalinos nos visitaron este pasado primero de noviembre para ser partícipes de un festival único en su naturaleza.

Primero por su locación: La ciudad jardín y segundo, por sus escenarios bien definidos y alineados para que su público no perdiera la oportunidad de ver a sus artistas favoritos. Stands de comida, bebestibles, artesanía/reciclaje y accesorios para los que se quisieran descansar un poquito después de disfrutar de buena música.

Con una organización bastante profesional para ser una primera versión, Jardín Stereo dio cátedra de cómo se deben hacer las cosas. Si bien hubo un pequeño desfase desde la apertura de puertas, en general los artistas que se presentaron lo hicieron de manera fluida para que todos pudieran disfrutar, con precios accesibles y amplios espacios que permitían al público ver el espectáculo desde cualquier ángulo.

El line-up completo estuvo de lujo, pero si tuviésemos que destacar, podríamos decir que Tunacola nos atrajo con sus canciones y nos tuvo entretenidos con sus particulares voces y una puesta en escena muy alegre. MRKNI se encargó de brindarnos un show lisérgico y con un lado más alternativo. Todo muy relajado para compartir y divertirse, tal como lo hicieron sus espectadores.

Luego vino el turno de Como Asesinar a Felipes, y con ellos, las primeras personas en ponerse de pie y disfrutar del baile y la enérgica poesía y rima de Koala Contreras. En su arsenal, traían canciones clásicas de sus primeros discos, y también varios adelantos de su próximo álbum «CAF V», entre ellos su nuevo single, III; un fuerte llamado de atención al concepto de educación, tan en boga en nuestra sociedad.

Una vez terminada la rima, vino el turno de más dosis de pop, esta vez directamente desde el Valle del Aconcagua. Nos referimos al duo Dënver y sus bailables melodías. Si bien CAF ya había prendido la mecha, Dënver se encargó de hacer explotar al público con su música. Una gran puesta en escena, coros a viva voz y simpáticas coreografías completaron un show excelente, que dejó al público ávido para lo que continuaría.

Ya la tarde iba corriendo, el Main Stage ya veía más público expectante de más música y baile, y Boom Boom Kid fue el encargado de traer todo el Hardcore para satisfacer a un nicho que iba a corear y poguear todos sus éxitos, incluidos aquellos que revivió de su ex- banda, Fun People, al cantar Bad Influence y FMI.

Fue un contundente set de canciones, las cuales no daba tiempo de respiro a sus ansiosos fans, que convertían el lugar en una locura de brazos y piernas cada vez que Carlos tomaba el micrófono para descargar sus líricas a través de su potente voz, que, a pesar del tiempo, mantiene un registro intacto, como si nada hubiera pasado en 20 años.

Nuestra querida Ana Tijoux obviamente se lució en el escenario, haciendo parte del show a todo su público, cantando y expresando claramente una crítica social en sus letras, cosa que se agradece un montón. Finalmente, Astro y Alex cerrando de manera triunfal el encuentro, con sólidos set de canciones que hicieron del atardecer/anochecer uno de los más inolvidables de la temporada.

Quizás el único punto flojo del encuentro fue algo que generalmente es imposible de evitar: La gran cantidad de basura y botellas que terminaron desparramadas al terminar el festival. Algo en lo que debemos responsabilizar tanto a la producción como a los mismos asistentes, pero que al final del día se transformó en un detalle si ponemos a la balanza todas las cosas buenas que Jardín Stereo nos trajo.

Se espera con ansias una segunda versión de este festival y de otros nuevos que vengan a descentralizar la música y a darle una oportunidad a las regiones, para que sean partícipes de nuestra gloriosa escena musical. Nuestras felicitaciones a la organización y a los artistas extraordinarios. ¿Qué mejor panorama para salir un poco de lo cotidiano?