El sábado pasado se llevó a cabo la segunda versión del Festival Jardín Stereo, a priori una edición que prometía todo lo bueno logrado en su primer año, pero que tristemente terminó demostrando falencias que sin duda hacen que se replanteen demasiadas cosas con respecto a este evento.

El día en sí ya era extraño, un clima nublado y un fuerte temblor en la madrugada hacían que el ánimo en general no fuera el más óptimo. Aún así tenía todo el entusiasmo de vivir mi primer festival Stereo así que fui temprano hacia el Sporting Club, para una larga jornada esperanzado en gratas sorpresas.

Jardín Stereo

Al llegar, pude contemplar que, a diferencia de otros festivales a los que he ido, ya existían problemas con algunas bandas y horarios, demostrando claros problemas de producción. Todo ello con un muy poco entusiasmo de la gente, habiendo muy pocos asistentes a eso de las 13:00 horas. Es así como pasaron Vectores (los cuales por problemas logísticos míos no pude ver), Eduardo Fernández (una banda correcta), Ojo Rojo (quizás la agrupación más interesante y que merecían una mayor audiencia) y Francisco Salas, quien jugó de local y con su sonido pop rock logró cierto fiato con el poco público que se encontraba. Todos ellos (por lo menos los que pude ver) sonando bien con pequeños ripios en el escenario principal.

Luego de ellos venía uno de los primeros platos fuertes del festival, el dúo Marineros; que sin tener un disco ya han logrado una notoriedad a base de buenos singles, por lo cual se esperaba un buen show. La preparación generaba expectativa pero apenas salieron abriendo con su reciente canción «El Lado Oscuro de tu Corazón» comenzaron fallas de sonido impresentables para una agrupación de sus pergaminos, no pudiendo solventarlas en todo su show por lo que su paso no pudo afirmar lo bueno realizado en estos años. Tampoco generó revuelo a un público, al parecer más preocupado de su vida social que en lo que ocurría en el escenario.

Después de su actuación, pudimos darnos un break para pasearnos por el resto del recinto (hablo en plural ya que pude contar con grata compañía desde ese instante) y notamos que el escenario electrónico tampoco generaba entusiasmo, siendo muy pocos los que disfrutaban con un sonido tipo lounge bastante monótono.  Ante eso, nos devolvimos para ver a Boloccos, cuarteto que debe mucho a De Saloon pero que también tuvieron que lidiar con serios problemas técnicos notorios para el incipiente publico que estaba sentado mientras tocaban.  Ya con esos antecedentes de golpe aparecieron Spiral Vortex (quienes tuvieron un problema en el camino por lo cual atrasaron su actuación) con una propuesta sicodélica que demostró que, si bien no son una mala agrupación, el evento y la hora no eran los más idóneos para disfrutarlos.

Al término de su presentación aparece un video de un compungido Manuel García, quien a través de este medio se justificaba por no asistir, algo que realmente para los asistentes no causó una gran reacción.  En ese momento, apenas concluyó el video apareció Nano Stern, una grata sorpresa y que con su buena onda y su guitarra logró una actuación sólida a pesar de también tener problemas evidenciados en su último tema, en el cual simplemente le terminaron apagando la guitarra.

El escenario del evento simplemente parecía no mejorar y en ese contexto de subieron Fármacos, agrupación que si bien demostró bastante calidad, les pesa no tener una canción realmente conocida con lo cual no terminaron por sumar a que la gente logrará prenderse.

Es en este punto cuando el festival logró su despegue, y todo gracias a Camila Moreno, artista que venía con uno de los grandes discos de este año bajo el brazo y que desde su apertura con «Libres y Estúpidos» derrochó energía y potencia cambiando la imagen de chica folk -con la que muchos la asocian- y haciendo que el grupo de asistentes se parara y acercase al escenario para ver un show intenso. De cierto modo esta performance sirvió para aplacar el frío que acontecía en Viña, como también para dar un buen pie al momento hip hop que se venía.

Tapia Rabia Jackson se subió y comenzó la fiesta trayendo lo mejor de su repertorio, manteniendo la posta de buena música y haciendo partícipes a los asistentes de una celebración que demostró la valía de Zaturno como uno de los pilares del movimiento. También Jimmy Fernández hizo de las suyas, quien con su secauz «Sycho» (notable apodo) hicieron de la actuación de La Pozze Latina la que más congregó público como también la que mejoró un poco la desvalada imagen que mostró el evento terminando con su clásico «Chica Eléctrica».

Lo admito, y mis respetos a Dengue Dengue Dengue que estaba encargados de cerrar el festival, pero fue el momento en que decidimos irnos del recinto (como muchos más) y en el camino observar que el escenario electrónico tampoco pudo llenar las expectativas.

En resumen, una edición para olvidar. Si bien contó con pequeños destellos de luz y una buena producción en lo que se refería a la comida y bebestibles, terminó demostrando que el line-up no era tan potente como el de su primera edición y que con diversos episodios de la producción pareció ser organizado casi por amateurs que iban probando suerte en el camino. Una pena que también se intensificó con asistentes que en muy pocos momentos parecieron realmente el disfrutar estar allí.

Si se llega a realizar una tercera edición en un futuro, deberá aplicar muchos cambios o sino sufrirá las mismas consecuencias ocurridas a otros shows masivos como Maquinaria.