mos def chile
Mos Def, por Sebastián Milla.

Era obvio que llegábamos al recinto con ganas de ver a Mos Def en el escenario, pero esa no era la única razón por la que estábamos ahí: También queríamos ver brillar a Hordatoj, quien representaría a la escena del rap local en este esperado encuentro.

Lamentablemente no pudimos. En la zona de acreditación -luego de hacer una extensa filo por un costado del teatro y esperar un buen tiempo- se informaba que un tal ‘Erick’ había sobrevendido entradas, lo que impedía hacer fluir el trámite como correspondía: Mostrar la identificación, recibir la pulserita y caminar hasta el interior del recinto no iba a ser tan fácil.

Nos armamos de paciencia y esperamos a que el asunto se regularizara, mientras desde afuera escuchábamos cómo el publico despedía entre aplausos y griteríos al capo Hordatoj. Nos dio penita. No pudimos ver nada del nacional, pero al menos ya estábamos dentro y con el entusiasmo suficiente como para continuar una jornada que se caracterizó por una intensa neblina cannábica que inundó el Teatro Caupolicán.

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Shotta, por Sebastián Milla.

Fue eso o quizás el repertorio un tanto flojo. La cosa es que Toteking & Shotta no lograron prender al público en un 100%, o al menos no como yo lo esperaba. Si bien hubieron momentos intensos donde el público saltó y coreó los temas, predominó más el cabeceo moderado ante la dupla proveniente de Sevilla, que se dio el tiempo para freestalear y hacer un breve solo con el Dj de turno.

Los españoles lo dieron todo y estaban agradecidos, el público también; pero era a Mos Def a quien todos esperaban ver y eso se notó desde el primer momento de su aparición, con un ‘Gracias a la Vida’ -de Violeta Parra- de introducción.

Brincos, aplausos y por supuesto más marihuana dieron la bienvenida al chorizo de Brooklyn que demostró ser un tipo clever. Nada de frases pre-armadas, torpedos o derivados: El neoyorkino fue espontáneo, al ritmo de un español bastante fluido, y eso se agradeció.

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Con una perso inigualable, Mos Def se dio el lujo de tocar un tema instrumental para bailarlo de principio a fin… ¡y vaya cómo bailó!. El tipo demostró que no está hecho solo de rimas, pues su versatilidad destaca desde el primer segundo en que pisa el escenario. No por nada es productor, actor y un montón de etiquetas más que a estas alturas dan lo mismo, pues el gringo chorrea talento y por sobre todo actitud.

Así lo demostró cuando su Dj se equivocó no una, si no unas cuantas veces en el ruedo del repertorio. Lo encaró ahí mismo con frases del tipo «what are u doing man, play de fuckin’ song», mientras atrás, el pincha discos, sudaba y sudaba buscando la pista que había olvidado.

Estos impasses la verdad es que importaron poco, Mos Def supo salir a flote y fue en ese tipo de instancias donde se notó ‘la calle’ que puede generar el haber crecido en uno de los suburbios más particulares del mundo. Porque no vamos a pretender que New York es una ciudad común y corriente ¿no?.

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Mos Def, por Sebastián Milla.

Pasó una hora y a pesar de que la gente esperaba más tiempo de show, el rapero supo cumplir con su gente y se quiso despedir de la manera más honesta posible: Literalmente bacilando lo que presentó como su tema favorito: Una pieza de Tony Williams llamada ‘Wildlife’ que reproduce -según el mismo neoyorkino- en cada lugar, cada vez que se presenta la ocasión.

Un momento sorpresivo y quizás un tanto confuso para muchos de los asistentes de un gusto más purista por el rap. Pero sin lugar a dudas cerró con un sello distintivo y con la impresión de que este tipo sinceramente hace lo que más le apasiona.

Derribó todo prejuicio y demostró que no es necesario dárselas de matón o poner la voz ronca para generar respeto. Una persona talentosa derrocha respeto por si solo y en esta ocasión Mos Def se lo ganó al poner el primer pie sobre el escenario.